Michèle Mattelart (1941-2026), con formación de base en Comunicación Social, junto a su compañero de siempre, Armand Mattelart, formó parte de esa gran cantidad de intelectuales latinoamericanos y europeos que se sintió atraída por Chile en el momento histórico de sus grandes transformaciones, en medio de una América latina febril y convulsa, pero sobre todo esperanzada.
Michèle y Armand, en verdad, ya estaban instalados en nuestro país desde mediados de la década de los ’60. Durante la Unidad Popular, Michèle se unió al gran esfuerzo formador del progresismo desde la prensa y ciertas empresas editoriales; trabajó así en Quimantú, aportando en la elaboración de guiones para publicaciones diversas.
Pero la intelectual comprometida condujo también su propia trayectoria investigativa: la relación problemática entre la mujer y los medios de comunicación, línea que alteraba o, en el mejor de los casos, complementaba las orientaciones de McLuhan en materia de medios de comunicación y sus respectivos mensajes destinados al público. Influenciada fuertemente por el estructurales francés, en particular por Roland Barthes, aunque también por ilustres pensadores alemanes como Herbert Marcuse.
Michèle se ocupa de las formas peculiares en las cuales se trata a la mujer en los medios, desde la divulgación de noticias hasta la prensa romántica.
Su trabajo debe ser asociado a los nombres de esa gran cantidad de mujeres intelectuales que, desde las sombras de un universo patriarcal, contribuyen a saldar la deuda de dignidad que se ha tenido con ellas. Armand Mattelart nos dejó en octubre de 2025, Michèle acaba de partir.
Una anécdota final en tres o cuatro palabras: Armand vino a visitarnos al Departamento hace algunos años; yo me había quedado a la hora de almuerzo en nuestro oficina y alguien golpeó a mi puerta. Era él que deseaba visitar de manera incógnita. Mi sorpresa fue gigantesca, le invité al interior del despacho, conversamos un rato y le dije que debíamos ir a las oficinas de las autoridades de la Facultad, pero no aceptó y se retiró de la misma manera que había llegado, sobre la punta de los pies. Michèle, su compañera, parece habernos dejado también sobre la punta de los pies.
Escrito por Dr. Manuel Baeza Rodriguez / Sociología UdeC

Fuente Foto: Ciespal.org