septiembre 26, 2026

Entrevista a Ivania Garrido, Estudiante de Sociología y Presidenta FECUdeC

R: Para mí, la reelección tiene un significado importante, especialmente porque estuvo acompañada de una mayor participación estudiantil. Lo tomo como una señal de confianza, pero sobre todo como una responsabilidad para esta segunda gestión.
Al mismo tiempo, esta mayor participación nos deja un desafío hacia adelante: tenemos que seguir trabajando para que cada vez más estudiantes se involucren en los espacios de decisión de la Federación. Una elección más participativa también nos obliga a pensar desde ya en cómo fortalecemos la organización estudiantil y cómo logramos que las próximas elecciones cuenten con una participación todavía mayor. Creo que la democracia estudiantil no puede construirse solamente durante los procesos electorales, sino que tiene que ser un trabajo permanente.

Hay aprendizajes que vienen de distintos espacios de mi vida. De mi historia familiar aprendí el valor de la organización, de la solidaridad y de entender que los cambios no se construyen individualmente. Desde las colectivas feministas aprendí también lo difícil que muchas veces es para las mujeres ocupar espacios de representación y ejercer roles de conducción política. Eso me ha enseñado a no naturalizar esas dificultades, a abrir camino para que más mujeres puedan asumir responsabilidades y a entender que ocupar estos espacios también implica una responsabilidad con quienes vienen después.

Y desde mi militancia en las Juventudes Comunistas he aprendido algo que para mí es muy importante: tomar partido frente a la realidad y entender la política como una herramienta para transformar las condiciones en las que vivimos. Pero también entender que un partido no es un fin en sí mismo, sino una herramienta de organización social, de formación y de construcción colectiva. La transformación no la hace una persona ni una organización por sí sola; se construye junto a otros, desde las organizaciones sociales, estudiantiles y populares.

Todos esos aprendizajes los quiero llevar a esta segunda gestión: una FEC más cercana a las carreras, a las facultades y a las organizaciones estudiantiles, donde la conducción no se entienda como algo individual, sino como una responsabilidad colectiva. Y también seguir aportando, desde el lugar que hoy me corresponde, a que más mujeres y más jóvenes puedan sentirse capaces de asumir espacios de representación y transformar sus propias realidades.

R: Creo que el bienestar estudiantil tiene que entenderse de manera integral y, sobre todo, tiene que traducirse en medidas concretas. Durante esta gestión avanzamos en el aumento del financiamiento destinado a becas y beneficios estudiantiles, gestionando y creando nuevas becas que permitan apoyar directamente a más compañeros y compañeras. Para nosotros, que

la FEC pueda entregar herramientas concretas frente a las dificultades económicas que viven los estudiantes también es una forma de defender el derecho a estudiar y permanecer en la universidad.

Pero el bienestar no se reduce solamente a las becas. También implica defender la educación y los derechos que hemos conquistado como movimiento estudiantil. En ese sentido, durante este año hemos sido parte de distintas movilizaciones, como las del 1 de mayo, el 3 de junio y la próxima movilización del 1 de octubre, que han sido parte de un proceso de organización y movilización impulsado a nivel nacional por la CONFECh y que, desde la FEC, hemos asumido el desafío de levantar y articular en nuestra universidad y en la región.

Creo que es importante relevar el rol que ha tenido la CONFECh en volver a poner en el centro la organización y movilización de los estudiantes a nivel nacional, y también el trabajo que hemos realizado desde la FEC para que esas convocatorias tengan una expresión concreta en la Universidad de Concepción, articulándonos con nuestras carreras, facultades, organizaciones estudiantiles y también con otros actores sociales.

En el actual escenario, creo que la FEC tiene que cumplir un doble rol: por una parte, entregar respuestas concretas a las necesidades cotidianas de los estudiantes, y por otra, fortalecer su capacidad de organización y movilización frente a aquellas medidas que puedan significar retrocesos en derechos.

R: Yo tengo una militancia política que es pública y no tengo por qué esconderla. Pero ser presidenta de la FEC implica representar al conjunto del estudiantado, no solamente a quienes comparten mis posiciones políticas.
Creo que una organización estudiantil tiene que ser capaz de convivir con distintas miradas y, al mismo tiempo, tomar posiciones cuando corresponde. Para mí, la legitimidad de una conducción no debería depender solamente de la militancia de quienes la integran, sino también de su capacidad para escuchar, representar y responder a las necesidades de los estudiantes.
La elección y la participación que tuvimos también permiten que el estudiantado evalúe una gestión desde su propia experiencia.

R: Mi visita a Cuba fue una experiencia muy significativa, tanto personal como políticamente. Tuve la posibilidad de participar, junto a organizaciones estudiantiles de distintos países, en el Primer Coloquio Internacional “Fidel Castro: legado y futuro”, en el marco de los 100 años de su natalicio, además de participar en distintas actividades de la

OCLAE. Para mí fue especialmente importante poder estar ahí representando a la FEC y llevando también la voz de la juventud estudiantil chilena.

Hay algo que me quedó dando vueltas y que también planteé en el coloquio: es muy difícil hablar de la historia del movimiento estudiantil latinoamericano sin reconocer el papel que Fidel tuvo en la defensa de la educación y en la manera en que entendió la educación como una herramienta de emancipación de los pueblos, de construcción de soberanía y de desarrollo de una juventud capaz de participar activamente en la transformación de su sociedad.

Por eso, para mí, la frase de Fidel “Creo en ustedes”, dirigida a la juventud, no es solamente una frase bonita. Es un encargo. Implica entender que creer en la juventud significa también confiarle responsabilidades, pero entregándole las herramientas para asumirlas: educación, formación, organización y participación.

Y creo que ahí Fidel vuelve a hablarnos hoy a los estudiantes de América Latina. Nos vuelve a hablar porque muchas de las discusiones que enfrentamos siguen teniendo que ver con qué entendemos por educación, para quién se construye y qué papel tiene la juventud en la sociedad. En Chile muchas veces se nos intenta instalar la idea de que nuestros problemas son individuales: que si no podemos pagar una carrera, si estamos endeudados o si no tenemos condiciones para estudiar, es responsabilidad de cada uno. Frente a eso, la educación pública nos plantea justamente lo contrario: que garantizar que una persona pueda estudiar, desarrollarse y construir un proyecto de vida también es una responsabilidad colectiva.

También esta experiencia me permitió mirar nuestro propio movimiento estudiantil desde otra perspectiva. El movimiento estudiantil chileno tiene una historia muy importante y que, muchas veces, no dimensionamos suficientemente el lugar que ocupa dentro de la historia de las luchas sociales de América Latina. Hay una verdadera gesta de organización heroica detrás de las movilizaciones secundarias, del movimiento universitario, de las luchas por la gratuidad y de tantas otras generaciones que han salido a disputar el sentido de la educación.

Para mí, una parte importante de ese valor está en que el movimiento estudiantil chileno ha sido capaz de organizarse y disputar derechos precisamente en un país profundamente marcado por el neoliberalismo. Desde ahí, defender la educación no es solamente defender una política particular, sino también cuestionar una lógica que durante décadas ha intentado convertir derechos sociales en bienes de mercado y trasladar responsabilidades colectivas a los individuos.

Por eso creo que nuestra experiencia también tiene algo que aportar al movimiento estudiantil latinoamericano. Y hoy, cuando nuevamente tenemos que defender derechos conquistados por generaciones anteriores, es importante recuperar ese sentido histórico. El movimiento estudiantil no puede quedarse encerrado en sus propias demandas: tiene que ser capaz de encontrarse con los trabajadores, con las organizaciones sociales y con las necesidades del pueblo.

Eso es lo que intento aterrizar en mi trabajo diario en la FEC. La solidaridad no puede ser solamente una consigna internacional; tiene que expresarse en cómo nos organizamos y acompañamos dentro de nuestra propia universidad. La soberanía también se relaciona con defender una educación pública que forme personas críticas y capaces de decidir sobre el futuro de nuestro país. Y la revolución, entendida desde lo que Fidel planteaba como “sentido del momento histórico”, tiene que ver para mí con no conformarnos con administrar lo que existe, sino preguntarnos permanentemente qué sociedad queremos construir.

Por eso, mi experiencia en Cuba no la entiendo como algo que terminó cuando regresé a Chile. Me dejó preguntas y responsabilidades que quiero seguir llevando a la organización estudiantil. Si Fidel nos vuelve a hablar hoy, nuestra respuesta como juventud tiene que ser asumir ese encargo: formarnos, organizarnos y hacernos responsables de construir nuestro propio futuro.

R: Fui invitada por la Embajada de la República Popular China a participar en un foro de juventud latinoamericana y china, en representación de Chile y como presidenta de la FEC. Para mí, es una oportunidad muy importante para encontrarnos con jóvenes de distintas realidades y generar espacios de articulación.

Me interesa particularmente poder conocer de cerca la experiencia de la República Popular China, porque considero que China tiene hoy un rol fundamental en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo, donde la juventud ocupa un lugar central. Me interesa conocer cómo se entiende el papel de las nuevas generaciones dentro de ese proceso y cómo se han desarrollado políticas enfocadas en la juventud.

La República Popular China pone en el centro a las y los jóvenes como un pilar fundamental de su modelo de desarrollo y de la construcción de su futuro, especialmente en ámbitos como la educación, la formación intelectual, la ciencia, la tecnología, la innovación y el desarrollo económico. En ese sentido, es muy interesante poder conocer estas experiencias directamente y comprender cómo se piensa el rol de la juventud en la construcción de la nación.

También me interesa particularmente conocer qué lugar ocupa la educación universitaria dentro de este proceso y cómo se relaciona con la formación de las nuevas generaciones, el desarrollo científico y tecnológico y la construcción de conocimiento.
Conocer la experiencia china de cerca es una oportunidad para ampliar nuestra mirada como movimiento estudiantil, conocer otras formas de organización y comprender cómo otros países abordan el papel de la juventud frente a los desafíos del presente y del futuro.

Además, el foro de juventud latinoamericana y china tiene un componente que para mí es muy importante: la posibilidad de construir una agenda común entre jóvenes de distintas partes del mundo.

R: Creo que el principal desafío es que estas experiencias no queden solamente en quienes tienen la posibilidad de viajar. Si tenemos la oportunidad de participar en espacios internacionales, también tenemos la responsabilidad de traer esas discusiones a nuestra universidad y ponerlas a disposición de otros estudiantes.

Me gustaría que podamos fortalecer los vínculos con organizaciones estudiantiles y juveniles de otros países, generar espacios de intercambio, encuentros y formación, y avanzar también en oportunidades concretas de movilidad para estudiantes de la UdeC. Que un estudiante pueda conocer cómo se organiza otro movimiento estudiantil, cómo funcionan otras universidades o cómo jóvenes de otros países enfrentan problemas similares puede ser una experiencia formativa muy importante.

R: Creo que el hilo común es la organización. Desde muy joven entendí que muchas de las cosas que nos afectan no se pueden transformar de manera individual y que necesitamos construir colectivamente.

Talca es parte de mi historia y de los espacios donde comencé a entender la política desde lo cotidiano. La FEC me ha permitido llevar ese aprendizaje a una responsabilidad mucho mayor, representando a miles de estudiantes. Y las experiencias internacionales, como Cuba y ahora China, me permiten ampliar esa mirada y entender que las juventudes de distintos lugares también tienen problemas, desafíos y formas de organizarse que podemos conocer, compartir y discutir.

También hay algo que para mí atraviesa todas estas experiencias: la convicción de que la organización social y política es una herramienta para transformar la realidad. Desde la universidad, desde el movimiento estudiantil, desde las organizaciones sociales y también desde la militancia, he aprendido que ninguna transformación importante se construye individualmente.

Mi proyección política tiene que ver con seguir aprendiendo, organizando y poniendo mis capacidades al servicio de la organización colectiva. Lo importante para mí es seguir vinculada al movimiento estudiantil y a las organizaciones sociales, y poder aportar desde el lugar que me corresponda, donde sea que pueda ser útil para seguir construyendo organización y transformaciones colectivas.

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